18/05/2024

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Desde hace años, hay gente que asegura Hamás “fue en sus inicios un proyecto israelí”. Esta afirmación volvió a tomar fuerza luego del ataque del 7 de octubre del grupo militante palestino contra Israel.

Vincular el origen de Hamás con Israel puede resultar impactante para algunos, pero es en realidad una acusación muy antigua.

Los miembros del movimiento islámico lo rechazan categóricamente, al igual que altos funcionarios israelíes, que califican esta afirmación de infundada.

Incluso antes del ataque de Hamás a Israel, esta acusación había sido repetida por un exministro palestino en una entrevista con la BBC y había aparecido en varios periódicos extranjeros. Destacados activistas también la han mencionado en las redes sociales en las últimas semanas.

Esta afirmación también fue hecha públicamente hace décadas por el expresidente egipcio Hosni Mubarak, un senador republicano en el Congreso de EE.UU. y funcionarios del servicio de seguridad interior de Israel, el Shin Bet.

La larga labor de Hamás

El Movimiento de Resistencia Islámica Hamás no surgió de la nada cuando apareció por primera vez en 1987. Antes de eso, ya había recorrido un largo camino, el cual se puede dividir -de una manera muy simplificada- en dos etapas:

Las primeras raíces del movimiento en los territorios palestinos surgieron a mediados de la década de 1940, con el establecimiento de las primeras ramas de los Hermanos Musulmanes en Gaza, en el barrio de Sheij Yarrah en Jerusalén y en otras localidades.

La segunda etapa se daría a raíz de la frustración de los jóvenes de los Hermanos Musulmanes con los líderes árabes tras el “revés” que representó la derrota frente a Israel en la Guerra de los Seis Días de 1967 y de las primeras ideas sobre una posible lucha armada.

Según los registros de los Hermanos Musulmanes, gran parte de la historia de la organización islamista en los territorios palestinos se caracterizó por ser de una naturaleza religiosa, de apoyo y de creación de conciencia. También construyeron instituciones de carácter religioso y social, además de mezquitas.

Estos documentos señalan que, durante sus primeros años en los territorios palestinos, los Hermanos Musulmanes se centraron en la preparación intelectual, cultural y espiritual de los jóvenes, más que en la militar.

En este contexto, el exlíder de Hamás que ahora funge como líder de la organización en el exterior, Khaled Meshal, señala que a los islamistas se les obligó a estar ausentes de los territorios palestinos durante distintos periodos en los años 50 y 60 debido a los desafíos a los que se enfrentaban las organizaciones religiosas, como las olas nacionalistas árabes nasserista y baazista, así como la ola comunista. Según declaraciones de prensa de Mishal, a los islamistas no se les dio la bienvenida.

En la siguiente parte de este artículo nos enfocaremos en los acontecimientos que dieron lugar al surgimiento de Hamás, desde 1967 hasta el nacimiento del movimiento islamista en 1987.

Señales de “lucha armada”

Uno de los factores en la transformación de la metodología que se usaba en la “lucha contra Israel” empezó a tomar forma luego de la derrota de los árabes en la guerra de 1967.

El primer portavoz del movimiento Hamás, Ibrahim Ghosheh, habla en sus memorias tituladas “El Minarete Rojo” sobre las repercusiones que esa derrota tuvo sobre la juventud del movimiento de los Hermanos Musulmanes.

Ghosheh asegura que tanto él como los otros jóvenes de su generación habían quedado insatisfechos con una conferencia islámica que había convocado el Contralor General de la Hermandad en Jordania “porque no presentó soluciones claras para el futuro de Palestina, y no pidió el inicio de la construcción yihadista islámica”.

En “El Minarete Rojo”, Ghosheh añade que este asunto impulsó a los jóvenes de la Hermandad -entusiasmados por luchar contra Israel- a trabajar en lo que llamaron un “Movimiento Correctivo” que abogaba por el uso de las armas, a espaldas de los miembros de mayor experiencia dentro de los Hermanos Musulmanes.

Como resultado de esto, se llegó a un acuerdo secreto con el movimiento Fatah para preparar a estos jóvenes miembros de los Hermanos y proporcionarles habilidades de combate, dentro de lo que se conocía en Jordania en ese momento como las “reglas de los jeques”.

Ghosheh cuenta que el entrenamiento siguiendo esos parámetros comenzó en 1968 y terminó en 1970 luego de los acontecimientos del “septiembre negro” (también denominada como guerra civil jordana) y de que se descubriera el liderazgo de los Hermanos en el Movimiento Correctivo.

Durante esta época, el movimiento de los Hermanos Musulmanes vivió varios conflictos internos entre los “líderes clásicos” y la “generación más joven”.

Mientras los jóvenes presionaban para adoptar el enfoque de lucha contra Israel, los líderes insistían en dar prioridad a “construir el Estado” por encima de la lucha contra Israel, lo que llevó a varios miembros del movimiento a desertar y formar “grupos nacionales y movimientos militantes que abrazaban la lucha armada”.

Esto trajo una mayor presión sobre el grupo, que ya enfrentaba dificultades debido a la multiplicidad de sus oponentes y el dominio de otros movimientos intelectuales y nacionales palestinos.

“Crearon Hamás para enfrentarse a Yasser Arafat”

La “sospecha sobre la relación” entre Israel y el grupo islámico del que surgió Hamás apareció en las dos últimas décadas de penurias del grupo, es decir, en los años 70 y 80.

El expresidente egipcio Hosni Mubarak fue uno de los que despertó esta sospecha, cuando acusó al movimiento Hamás de ser una creación israelí. Mubarak aparece en un antiguo vídeo, reuniéndose con varios militares egipcios, diciendo: “Israel creó Hamás para trabajar contra la organización (la Organización de Liberación de Palestina, OLP).”

Mubarak no fue el único en hacer esta acusación: Ron Paul, exmiembro de la Cámara de Representantes de EE.UU. que se postuló para la presidencia de Estados Unidos en 1988, dijo al Congreso de su país en 2009: “Si miramos hacia atrás en la historia, encontraremos que Israel alentó y ayudó a crear Hamás, con el objetivo de enfrentarse a Yasser Arafat”.

Además, el exministro y miembro de la delegación palestina durante las negociaciones secretas de Oslo en 1993, Hassan Asfour, dijo en septiembre de 2023 a la BBC que “Hamás nació luego de un acuerdo entre algunos países árabes e Israel -dentro del marco de un proyecto estadounidense- que buscaba una alternativa a la OLP”.

Sobre esto, conversamos con el profesor palestino de Relaciones Internacionales de la Universidad de Qatar, Ahmed Jamil Azm, quien dijo que estas acusaciones no solo se limitan a un solo actor, y que las que se dirigen contra la Autoridad Palestina no son menos malas: “Los propios israelíes son parte de estas acusaciones. Las divisiones internas entre los palestinos también jugaron un papel para dar pie a estas acusaciones”.

En referencia a las viejas declaraciones de Mubarak, Azm le dijo a la BBC: “El discurso del régimen egipcio cambiaba según sus intereses y tal vez estas acusaciones se produjeron dentro de un contexto de hostilidad con los Hermanos Musulmanes o en un momento de tensión con Hamás. Por otro lado, Hosni Mubarak y su director de inteligencia, Omar Suleiman, tuvieron una relación muy positiva con Hamás durante diferentes periodos, hasta el punto de facilitar la entrada de armas a la Franja de Gaza”.

Se puede decir que las acusaciones de una “relación prohibida” entre Hamás e Israel se enmarcan en las etapas posteriores a la guerra de 1967, cuando los Hermanos Musulmanes iniciaron la llamada “fase de las mezquitas” en los territorios palestinos.

Esta etapa, que según algunas estimaciones duró hasta 1975, se caracterizó por el trabajo para “construir mezquitas”, “movilizar a la nueva generación (…) y concentrar y profundizar su doctrina para enfrentarse al movimiento sionista”, según explica el académico Khaled Hroub en su libro “Hamás: pensamiento y práctica política”.

Hroub estima que los islamistas hicieron inversiones significativas como resultado de la guerra del 67, con el surgimiento de la validez del discurso islámico alternativo frente al discurso nacionalista nasserista que había estado tan ligado a la guerra perdida.

El autor afirma que “la siguiente etapa de creación de instituciones se extendió desde mediados de los años 70 hasta finales de los 80, y en ella se establecieron agrupaciones de estudiantes islámicos, clubes, sociedades caritativas y otras entidades que se convirtieron en centros de reunión de los nuevos grupos de jóvenes islámicos”.

“Fui jefe del Shin Bet y fui testigo del surgimiento de Hamás”

El New York Times publicó un artículo en 1981 en el que hablaba con el entonces gobernador militar israelí en Gaza, Yitzhak Segev.

“Los fundamentalistas islámicos reciben algo de ayuda israelí”, le dijo Segev al Times. “El gobierno israelí me dio un presupuesto, y el gobierno militar proporciona apoyo a las mezquitas”.

En el artículo, se presenta una justificación para esto: este dinero tenía como objetivo fortalecer a la formación que competía con la OLP.

Sin embargo, Yaakov Peri, quien trabajó como jefe del Shin Bet israelí, dijo en una entrevista publicada recientemente: “Fui jefe de la agencia desde 1988 hasta 1995. Fui testigo del surgimiento del movimiento Hamás, y recuerdo que nuestra evaluación reveló que se parecía más a un movimiento social, y que trabajaba para satisfacer las necesidades de la gente”.

Muchas buenas personas en Israel acusaron al Shin Bet de apoyar al aparato político de Hamás como una alternativa a la OLP, pero eso no es cierto”.

Si se analizan declaraciones del fundador del movimiento Hamás, el jeque Ahmed Yassin, no parece que viera la cuestión de los fondos israelíes como un problema.

Yassin confirmó que Israel pagaba salarios como potencia ocupante, añadiendo: “Comenzaron a ofrecer pagar pensiones y salarios a los empleados que aceptaran volver a trabajar”.

Yassin añadió que Israel estaba pagando salarios con el objetivo de garantizar que la vida volviera a la normalidad después de la ocupación de Gaza.

“Confluencia involuntaria de intereses”

Roni Shaked, investigador del Instituto Truman de la Universidad Hebrea, dijo durante una entrevista con la BBC que Israel no tenía ningún problema con los movimientos sociales religiosos y agregó que la Hermandad no representaba una amenaza en ese momento.

Shaked, quien fue funcionario del Shin Bet durante los años 70, aseguró que Israel nunca financió a los islamistas, y que sus contribuciones se limitaron a conceder licencias.

El discurso del exfuncionario de inteligencia coincide con el de Ahmed Azm.

Ambos creen que el hecho de que el movimiento islámico no quisiera enfrentarse a Israel -que impulsaba la existencia de movimientos que no adoptaran el enfoque de la “lucha armada-, hizo que se produjera una situación “involuntaria”.

Israel desvió su atención de los islamistas, pero no creen que esto signifique que apoyara a la Hermandad.

En el contexto de los cuestionamientos sobre la naturaleza de la relación del gobierno israelí con la comunidad religiosa islámica y la cuestión de “la financiación o los permisos de Israel para la construcción de mezquitas islamistas”, encontramos un libro titulado “La política de Israel hacia las dotaciones islámicas en Palestina”, publicado en 1992 por el escritor británico Michael Demper.

En él dice que una de las primeras medidas que tomó gobernador militar israelí en 1967, fue nombrar a un oficial israelí como responsable de los asuntos religiosos en la Franja de Gaza, y su trabajo era vincular al gobierno militar con el movimiento islámico y las sectas cristianas.

Si bien el escritor británico relata que Israel permitió la construcción de estas mezquitas a finales de los años 70 y mediados de los años 80 como medio para encontrar un equilibrio ante la Organización de Liberación de Palestina, no habla de la existencia de líneas de financiación entre los responsables de las mezquitas e Israel.

“Fue negligencia… y nunca financiamos a Hamás”

En Israel no hay un acuerdo frente al enfoque que el gobierno usó para enfrentarse al crecimiento del movimiento islámico dentro de Gaza.

Mientras que hay exfuncionarios en Israel que expresan “arrepentimiento por apoyar y crear a Hamás”, también hay testimonios como el de Shalom Harari, quien fuera oficial de inteligencia militar en ese momento en Gaza.

“Israel nunca financió a Hamás, e Israel nunca armó a Hamás. Hubo advertencias sobre los islamistas que fueron ignoradas, pero la razón detrás de eso fue la negligencia, no el deseo de fortalecerlos”, le dijo al New York Times.

En este contexto, Ahmed Yassin afirmó que “Israel estaba monitoreando las instituciones islamistas como vigila a cualquier otra institución y estaba tratando de encontrar equilibrios… dejando que cada grupo creciera a su manera hasta que llegara el momento en el que se enfrentaran los unos con los otros”.

“Los resultados se les vinieron encima”

El establecimiento de la Sociedad Islámica y la Academia Islámica es una de las principales razones que esbozan quienes acusan a Israel de contribuir al surgimiento del movimiento Hamás.

La literatura de la Hermandad dice que esa etapa del siglo pasado tuvo lugar bajo “el paraguas de la ley israelí… y que sus actividades se limitaban a meros aspectos religiosos (…) No violaron la ley y no entraron en una confrontación con las autoridades israelíes”.

El líder espiritual del movimiento Hamás, Ahmed Yassin, se refirió a esa época: “No podíamos entrar en un conflicto con la ocupación, y de ahí surgió la idea de las instituciones islámicas. La Sociedad Islámica en 1976 era una sala en una mezquita y se centraba principalmente en actividades deportivas.”

En su libro “Intifada”, de 1990, los escritores israelíes Ehud Yaari y Zeev Schiff aseguran que “la administración civil israelí contribuyó significativamente al desarrollo del movimiento islámico que luego terminaría saltando a la fama con el comienzo de la Primera Intifada. Israel les permitió asumir posiciones de poder e influencia en las comunidades locales, y además les permitió establecer todo tipo de instituciones.”

Los dos escritores israelíes aseguran que “Israel se engañó a sí mismo pensando que puede ejercer control sobre los islamistas y aprovecharse de su ascenso mientras limita la influencia de la Organización de Liberación de Palestina… Israel aprendió la lección, pero ya es demasiado tarde”.

El líder de Hamás, Ibrahim Ghosheh, dice: “No es culpa de la Hermandad ni del jeque Yassin que Israel crea que otorgarle una licencia a la Academia Islámica va a contribuir a equilibrar la tendencia secular de la OLP y la tendencia religiosa de la Hermandad. Si los sionistas cometieron un error en sus estimaciones, los resultados terminaron cayendo sobre sus cabezas.”

Algunos académicos mencionan que las autoridades israelíes no sólo le permitieron al movimiento islámico establecer instituciones, sino que también dieron luz verde a que otras facciones nacionales establecieran instituciones de todo tipo: clubes, asociaciones, sindicatos y oficinas de prensa.

Abdullah al Hourani, autor del libro “Sociedades benéficas en Cisjordania y la Franja de Gaza”, publicado en 1988, dice que el número de asociaciones en Gaza antes de la Primera Intifada de 1987 llegaba a 62, de las cuales sólo 4 estaban asociadas con la Hermandad. Las más destacadas eran la Academia Islámica y la Sociedad Islámica.

“Error estratégico”

El profesor de Relaciones Internacionales Ahmed Jamil Azm dice que Israel cometió tanto un error estratégico como uno táctico: “Nunca ha tenido una estrategia clara, Israel siempre confía en su superioridad como gran potencia”.

“Por ejemplo, después de su ocupación de Gaza en 1967, intentó comunicarse con la sociedad a través de oportunidades económicas, impulsando el liderazgo local representado por familias notables y permitiendo la celebración de elecciones municipales. Pero la toma de decisiones estaba basada en fundamentos de seguridad, y no en una comprensión realista de las verdaderas dimensiones de la ocupación y las consecuencias que estaba teniendo… Estos métodos no pueden ser aceptados por la sociedad como una alternativa a una resistencia a la ocupación”.

El investigador del Instituto Truman de la Universidad Hebrea, Ronni Shaked, le dijo a la BBC que a pesar de haber recibido advertencias sobre el potencial peligro que el movimiento islámico podría representar a futuro, Israel nunca terminó de entenderlo, y se confundía a la hora de abordar el tema.

Shaked dice que el entonces gobernante militar israelí en Gaza, Yitzhak Segev, había expresado temor por las condiciones en el territorio “debido a la similitud que tenían con la situación en Teherán antes de la revolución”.

Shaked añade: “El jeque Ahmed Yassin engañó a Israel y lo engañó para que se dedicara a luchar contra los comunistas, mientras trabajaba para construir jardines infantiles y criar a generaciones, preparándolas para resistirse frente a Israel”.

El investigador cree que el Estado judío todavía piensa que alcanzará la estabilidad eliminando a Hamás y otorgándoles a los palestinos oportunidades laborales y beneficios económicos. “Eso no es cierto… Si se elimina a Hamás, surgirán nuevos movimientos de resistencia nacional después”, afirma Shaked.

La lucha contra Israel

El cambio radical en la metodología de los Hermanos Musulmanes en su lucha contra Israel se produjo en 1983, cuando el grupo celebró una conferencia en Jordania en la que decidió “permitir a sus cuadros en Cisjordania y Gaza organizar acciones militares y que las iniciaran lo antes posible ya que contaban con las condiciones adecuadas”, según cuentan las memorias del primer portavoz de Hamás.

Un año después de esta conferencia, Israel asestó un golpe mortal a la primera célula militar en la Franja de Gaza, deteniendo a todos sus miembros.

Los militantes respondían a Ahmed Yassin, quien los había liderado durante 13 años. Fueron arrestados con unas 80 armas que estaban guardadas en casa de Yassin, en preparación para organizar una acción militar contra Israel.

Pero Yassin sólo pasó algunos meses detenido, ya que se benefició de un importante acuerdo de intercambio de prisioneros entre Israel y el Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General, y fue liberado en 1985.

Pero aunque este golpe inicial a los islamistas fue doloroso -especialmente porque el ala “militar” del movimiento estaba comenzando, no tenía experiencia y contaba con capacidades muy modestas- las bases ideológicas del grupo se mantuvieron sólidas, lo cual le permitió reacomodarse.

A través de la prueba y el error, los islamistas lograron finalmente organizar su ala militar.

Pero incluso en ese momento, parecía que Israel no le daba la importancia al cambio de estrategia de las organizaciones islámicas, ni era consciente del alcance que habían logrado -tanto dentro como fuera de los territorios palestinos-, lo cual les permitió a los islamistas desarrollar aún más sus herramientas.

Estas y el cambio de enfoque de la Hermandad hacia la “lucha armada” se revelarían públicamente con el anuncio de la creación del Movimiento de Resistencia Islámica Hamás el 14 de diciembre de 1987, al día siguiente del inicio de la Primera Intifada.

No hay duda que la historia del movimiento Hamás se caracteriza por la ambigüedad y la falta de documentación. Muchos miembros del movimiento atribuyen esta falta de registros a las condiciones de seguridad (además de los contextos políticos y sociales) que rodearon a los Hermanos Musulmanes desde su formación en los territorios palestinos.

Sin embargo, es posible responder la pregunta sobre si Israel “fabricó” a Hamas si se analiza la falacia que representa la pregunta misma. Israel no “fabricó” a Hamás, sino que la compleja red de una larga labor social por parte de los Hermanos Musulmanes, producida en medio de la ocupación y la resistencia palestina a ella, terminaron dando pie al surgimiento de Hamás, como confirman Shaked y Azm.

Por lo tanto, puede haber lugar para el debate sobre las acusaciones de que Israel habría por lo menos ignorado al movimiento durante sus inicios, o incluso pudo intentar explotar su presencia cuando se había ya convertido en una fuerza creciente dentro de la lucha palestina.

Pero el contexto histórico del movimiento islámico y las circunstancias en las que surgió, demuestran que la acusación de que Hamás es “invento de Israel” no tienen fundamento.

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